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ACERCA DEL AMIGO DEL TARZÁN

Los investigadores ponen de manifiesto que, a pesar de la evolución, el ser humano no está tan lejos de sus primos los primates. El comportamiento, capacidad de aprendizaje y formas de comunicación son aspectos muy comunes entre ambas especies.

Foto de Diccionario Larousse
Uno de los actores más famosos, en la historia de Hollywood, no es precisamente un ser humano. Muchos recordamos que en las divertidas aventuras del "hombre mono", éste siempre estaba acompañado de las gracias y complicidades de su incondicional amigo Chita.

Todas estas manifestaciones de "inteligencia" que demostró el compañero de Tarzán, tienen una razón de ser. No sería nada raro que este particular chimpancé hubiera servido de profesor a sus congéneres debido a que esta es una particularidad de su especie, según aseguran los expertos.

La capacidad de aprender es la base de la investigación cuando de primates se trata, pues la principal diferencia entre el hombre y el animal radica en la inteligencia y el aprendizaje.

Cuando los primates, orden a la que pertenecen los chimpancés, aprenden una conducta, suelen enseñarla al nuevo integrante del grupo, aseguran los investigadores que trabajan con estos monos.

Precisamente, un equipo interdisciplinario de antropólogos biológicos y físicos, psicólogos y médicos estudian el comportamiento 50 macacos japoneses, en el Instituto Yerkes, de Montreal, Canadá. Se escogieron estos primates por su gran capacidad de adaptación al clima de esa ciudad y porque suele ser una especie tranquila.

Según los investigadores cuando estos animales aprenden un comportamiento, tienden a transmitirlo. Lo que los investigadores han llamado "una forma de trasmitir conocimientos", podría ser la prueba de que enseñar e imitar a otros puede ser una tendencia genética.

Para su trabajo, los científicos dividieron los primates jóvenes en tres grupos, el primero bajo el cuidado de su madre; el segundo, por una enfermera y el tercero, por un antropólogo. El estudio comprobó que los primates que menos han aprendido son los que están siendo educados por su madre, pues al parecer ella se mostró poco interesada en enseñarles.

Así mismo, gracias a filmadoras ubicadas en los laboratorios y activadas las 24 horas, se ha podido constatar que los primates pueden comunicarse perfectamente por medio de una maquina de escribir o un computador, cuando han sido entrenados correctamente y siguen haciéndolo entre ellos, aún si se encuentran solos.

"También se ha podido comprobar que los monos son capaces de organizar una sintaxis primaria para el pasado, el presente y el futuro inmediato; de la misma manera pueden ubicar objetos y situarlos en el espacio, uno en relación con el otro", afirma la colombiana Elizabeth Tabares, antropóloga de la Universidad del Cauca y Ph.D en antropología física, de la Universidad de Montreal.

Al comparar la capacidad de aprendizaje de un niño y un chimpancé recién nacidos, los científicos descubrieron que el mono aprende más rápido que el bebé. Sin embargo, este proceso se detiene cuando el animal alcanza los 3 años, edad en la que se estanca el proceso, mientras que el niño puede hacerlo durante el resto de su vida.

"Se debe tener claro que no todos los monos aprenden de la misma forma y con igual facilidad; tal como sucede con los seres humanos los grados de inteligencia varían de un primate a otro", afirma la investigadora Tabares.

Otro aspecto que ha llamado la atención de los antropólogos biológicos es que los chimpancés están siempre dispuestos a iniciar conversación, tienen tendencia a comunicarse por medio de mímica y gestos y se hacen entender de forma graciosa. Entre ellos emplean 15 clases de gritos, con los cuales pueden expresar miedo, dolor, rabia y avisar a sus compañeros si existe peligro.

Los investigadores han detectado que los primates suelen tener diferentes temperamentos y costumbres de una manada a otra, tal como sucede de una familia a otra en la especie humana.

También han encontrado que los chimpancés tienen comportamientos muy parecidos a los de los hombres, en el sentido que sus conflictos se desarrollan, principalmente, por la búsqueda de alimento y la conquista de las hembras.

De igual manera tienden a apoyarse, darse consuelo y afecto, aliarse y defender su estatus, de forma muy similar a la que actúan los humanos.

En cuanto a la conducta agresiva y violenta, los investigadores hallaron que cuando los primates atacan a un ser humano lo hacen en grupo y cuando su víctima se encuentra sola e indefensa; en otras palabras, tienen plena consciencia del por qué, cómo y cuándo lo hacen.

Respecto a esto, los investigadores piensan que el origen de la guerra humana puede venir de esta razón absolutamente genética; es decir, cuando el hombre primate tuvo tendencias agresivas y violentas.

Otro descubrimiento interesante es que los primates tienden a hacer "trampas" y picardías, siendo conscientes del motivo por el cual lo hacen. Pueden establecer un juego o una disputa por jerarquía, en la cual se pongan trampas unos a otros para sacar ventaja de la situación.

Una circunstancia que llamó la atención de los científicos es que una hembra que está obligada a tener relaciones sexuales con el líder de la manada suele hacerle trampa, enviando a otras a que lo entretengan mientras ella se aparea con el más joven y "apuesto".

Según la investigadora Tabares, uno de los factores más difíciles de resolver a la hora de trabajar con chimpancés, durante largo tiempo, es el contacto afectivo que se establece con ellos. "Es casi imposible no quererlos, debido precisamente a los alcances que estos animales tienen y la gran capacidad de comunicación que poseen" Cuando llega la hora del retiro del animal del laboratorio, teniendo en cuenta que su periodo de vida esta alrededor de los 45 años, los científicos los envían a un ancianato para chimpancés; una especie de jubilación merecida para quien ha sido, por años, el colaborador incondicional de los seres humanos en el desarrollo de la ciencia.


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